Categoría: Cajón «desastre»
Curiosidad
Recuerdo perfectamente el día que mi hermano me explicó qué era la muerte. Eran las cinco de la tarde y pasábamos la tarde aburridos en la casapuerta. Mi calle daba a la iglesia y las campanas repicaban a duelo.
Galletas

¿Sabes qué pasa?. Que yo no quería galletas. Me convencen para comerlas. Empiezan a gustarme. Pero no llego al mueble. Me ayudan a cogerlas. Luego aprendo a alcanzarlas poniendo un taburete. Pero cuando por fin las consigo, el bote está vacío.
No sé si se acabaron sin más o se las han dado a otra persona. Lloro. Me calmo. Vuelvo a llorar cuando me acuerdo. Me calmo de nuevo. Me distraigo. Como otra cosa. Me gusta. Me río.
Pero cuando ya no me acuerdo de las galletas, alguien viene con un hermoso paquete repleto de ellas. Y me las vuelve a dar. Y yo las cojo.

Así ha sido siempre. Me gusta incluso el preámbulo que la anuncia. Las señales por las que la vamos intuyendo semanas antes. Me gustan las luces y los anuncios de juguetes. Me gustan los villancicos por las calles y hasta el ruido de las panderetas. Me gustan los polvorones y el turrón. Me gusta el itinerario ritual de los belenes y las cintas de colores de los árboles. Me gusta recibir postales navideñas de misterios barrocos con vírgenes hermosísimas y bebés rollizos. Hasta la nieve de las postales. Me gusta el soniquete de la lotería de Navidad. El trasiego de compras apresuradas la víspera del día de reyes. Me gustan las comidas navideñas: Las de amigos, las de compañeros de trabajo, las familiares. Que la gente se desee felices pascuas y feliz año nuevo. En fin, qué le vamos a hacer. Ahora que parece que ya no se lleva decirlo,tengo claro que me gusta la Navidad. Lo reconozco.