Categoría: Viajes
Ciudad espejo
El caminante sólo puede llegar a la ciudad espejo si ha estado con anterioridad en su ciudad gemela, al otro lado del estrecho mar. Sólo si eres capaz de recordar el otro camino, aparece éste que muere en la alcazaba. Pero, ojo, que lo hará tal y como lo recuerda, sin colores ni contornos definidos. Y así pasa con los árboles, las cabras y las rocas.
Una vez en la ciudad, el visitante debe recuperar los olores que se alojan en la memoria. El sudor de la mujer que amasa en el patio hace que aparezca ante tus ojos, con la misma cara y los mismos movimientos que recordabas. El olor a cardamomo y a canela levantan un zoco de inmediato y al evocar a los jazmines que cuelgan por los muros, aparecen las casas con sus paredes añil y sus puertas azules. El aroma del almizcle de las muchachas y el de la alhucema quemada a media tarde en los zaguanes hacen resurgir calles y plazas, patios y azoteas. Así con todo.
La ciudad va surgiendo de los olores y de los recuerdos a imagen y semejanza de su hermana en la distancia hasta tal punto de que si estuvieran una frente a la otra parecería que ambas ciudades se están mirando mutuamente en un espejo descomunal.


El segundo camino que se puede seguir es el llamado sendero de Torre de Meca. Esta torre -situada en el cerro que le da el nombre tanto a la fortaleza como al núcleo de Los Caños- fue construida ya en el siglo XIX con las mismas características que la anterior y para suplir la escasa visibilidad que había entre la torre del Tajo y la siguiente más cercana, la torre de Trafalgar, de la que sólo se conserva actualmente unos sillares junto al faro de este mismo nombre. Esta ruta comienza en el área recreativa de El Jarillo, situada en el margen derecho de la carretera que divide el parque desde Barbate hasta Los Caños. Por este lugar pasa un carril que nos lleva a San Ambrosio, en donde se conserva la única ermita visigoda de la provincia de Cádiz y casi la única de Andalucía. El Jarillo –en el que en época de colecta se observan impresionantes montañas de piñas recogidas para su posterior venta- está acondicionado como merendero y es perfecto para pasar un día de campo. Si no, se puede continuar camino hasta otro área recreativa, el de Majales del Sol, por el que también hay que pasar si se opta por seguir este sendero que nos conduce a la Torre de Meca. Antes de llegar a la torre, los pinos dejan paso a lo que fue un arboretum de hasta once especies diferentes de eucaliptos que fue plantado hace casi cuarenta años para experimentar con nuevas especies de repoblación forestal. Al igual que en los acantilados, también abundan una gran variedad de pájaros como abubillas, jilgueros, verdecillos, e incluso se pude oír el canto de algún cuco. Es por aquí en donde además se puede observar algunos ejemplares de camaleón, uno de los reptiles más amenazados y que está estrictamente protegido por la ley.